Una buena manera de hacerlo es trazar una especie de recorrido de lo que ha sido nuestra vida: decisiones importantes que hemos tomado o acontecimientos que dieron un giro a nuestra existencia. Observar lo que ocurrio, los valores y las creencias que dieron sentido a cada elección. Y, sobre todo, darnos cuenta de a dónde nos conducia cada cambio. Cuando podemos observar el conjunto de nuestra trayectoria descubrimos puntos de coincidencia, creencias que se mantienen firmes y otras que desaparecen. Vemos lo que hemos apreciado y lo que hemos despreciado. Todo ello nos retrata. A partir de ese retrato podemos decidir cómo queremos vivir en adelante.

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