Se les conoce por este nombre porque, en su mayoria, están enclavados en islas paradisiacas. Pero, además de paísajes idilicos, poseen una fiscalidad nula o reducida, una regulación laxa, con secreto bancario incluido, y no intercambian información fiscal con otros países. Este les convierte en el destino de entre 1,6 y 11 billones de dólares, una cifra nada desprediciable si tenemos en cuenta que el PIB mundial ronda los 70 billones.

Las principales economías mundiales pierden cada año cerca de 250.000 millones de dólares a causa de la evasión de capitales dirigidos a estos lugares de ensueño
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