Vivir en pareja con el dienero totalmente separado demuestra una fuerte necesidad por preservar la propia individualidad por preservar la propia individualidad y no estar sujeto al control del otro. Muchas veces se romonta a experiencias en el seno familiar con una excesiva dependencia de la madre del padre, o un excesivo control sobre el patrón economico de la mujer por parte del padre (o al revés). Es la opción más habitual a la que optan las parejas que inician juntas una nueva andadura.

Ventajas: mantener separado lo de él y la de ella signfica que cada uno conserve su independencia en lo económico y por ello también en lo emocional. Cada uno puede seguir viviendo como lo venia haciendo antes de formar pareja.
Inconvenientes: esta autonomía implica al mismo tiempo una falta de complicidad y unión que quita calor e intimidad a la relación. Obcecarse en lo mío y lo tuyo no promueve una sensación de lo nuestro, lo cual es perjudica también a nivel emocional. La gestión suele ser, además, caótica: cada mes uno paga los gastos comunes, lo cual lleva más trabajo. Se pierde mucho tiempo en decidir quién paga qué factura y si uno pierde su fuente de ingreso, la situación se vuelve insostenible.




