Disfruta del camino

by Eleazar on 8 julio 2010

Todos aspiramos a ser artífices de nuestra propia existencia, a pintar ese lienzo en blanco que es la vida por sobrevivir y estampar en él nuestra firma. Dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos en el que “la conciencia de que ocupamos el asiento del conductor, aunque sea una mera fantasía, nos ayuda a soportar situaciones de riesgo y sentimientos de impotencia”.

disfruta del camino

Esto no se contradice con la necesidad de ser realistas. Sabemos que muy cerca del lugar donde guardamos los deseos, hay también otro donde van a para los sueños sin cumplir, los objetivos que no alcanzamos. Pero vivir bien, en su sentido más profundo, es el arte de conseguir que la ilusión persista, una especie de batalla para no perder la alegría. ¿Cómo hacerlo cuando el tiempo va dejando sus heridas?

Sabemos por experiencia que la vida es movimiento, y eso implica la presencia de un riesgo permanente. Esta certeza, sin embargo, no debe conducir al miedo, porque el cambio no es realidad una amenaza, sino una oportunidad. Por eso, como dice el psicólogo Xavier Guix, tenemos que tener el valor de “desaprender el miedo”.

Tomar las riendas de nuestra propia vida no significa perseguir obsesivamente nuestros empeños, sino estar abiertos a lo que cada día vaya trayendo. Significa ponerse metas, pero no como un fin en sí misma, sino como un medio para dar sentido a nuestra vida. El objetivo, finalmente, no es llegar, sino disfrutar del privilegio de andar ese camino. Solo así haremos una lectura adecuada de las inevitables frustraciones.
Aquí el “cómo” cuenta más que el “que”. Por eso merece la pena detenerse de vez en cuando par poder seguir avanzando; aprender a escuchar, entre tanto ruido, lo que la vida nos va diciendo; saber mirar nuestra realidad y nuestro entorno con ojos capaces de ver má allá de lo visible. Asumir las dos caras de la vida, felicidad y desdicha, triunfo, fracaso y comprender, por fin, que uno no es necesariamente mejor que el otro.

La felicidad, ese “imposible necesario”. Como al definió el filósofo Julián Marías, no es algo que se nos concede, es algo que compitamos. Solo que a menudo transita por caminos tan diferentes al nuestro, que muchas veces parece que nos encontramos con ella casi por casualidad.

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