Ira, celos, miedo, amor, odio, pasión, rabia, vergüenza, dolor… ¿Quién no se ha dejado llevar, en algún momento de su vida, por una emoción? Identificarlas, comprenderlas y aprender a manejarlas son los objetivos de este taller.
Comprender a los demás no siempre es fácil. Nuestras acciones son fruto de vivencias propias y como dice el tópico: cada uno es un mundo. De lo que se trata es de acercarnos al universo de las emociones y aprender a manejarlas correctamente. Sabremos más de nosotros mismos y entenderemos mejor al otro. Con esta filosofía nace el taller de las emociones de Creha, impartido por Concha González, psicoterapeuta y psicopedagoga, y Victor Brox, psicólogo clínico y psicoterapeuta. “Las emociones no son buenas ni malas, todo depende de cómo las manejamos,” asegura Concha. No es malo sentir ira, dolor o miedo; lo importante es reconocer nuestras emociones y lo que hacemos con ellas. “Por ejemplo, ante una situación en la que nos vemos amenazados, reaccionar al primer impulso no siempre es malo, al contrario, esa agresividad de primer grado es buena porque nos defendemos (ante un sometimiento, ante una injusticia, etc.). Ahora bien, si esa agresividad se desborda y se convierte en rabia, la emoción ya se convierte en algo negativo”.

Sin pararse
Lo que sí es cierto es que hay emociones agradables de sentir y otras que no lo son tanto. “Un desbordamiento de ciertas emociones, como la ansiedad, no es bueno porque termina generando una enfermedad –afirma Victo Brox-. Pero las emociones más básicas, como el dolor o el miedo, nos permiten comprender mejor las cosas y supervivir. Si no tuviéramos miedo a nada, seríamos una especie aniquilada. El miedo como reacción es buena; si se desborda, se convierte en pánico y nos paraliza”. Está claro: las emociones que sentimos nos llevan a actuar de un determinado modo, por lo que identificar qué tipo de emociones sentimos es fundamental para saber controlarla en su justa medida. Un cierto nivel de estrés quizá facilite nuestra concentración, pero si dejamos que los nervios vayan a más, nos bloquearemos. Si nos sentimos poco respetados en el trabajo, podemos usar ese malestar interno para revelarnos y reclamar un trato más digno. Pero si dejamos que el malestar crezca se convertirá en frustración.
Aprende a gestionar
El manejo de las emociones es un pozo sin fondo. Existen miles de combinaciones posibles, desde el lado más positivo al más negativo y todo depende de cómo gestionemos los sentimientos.
“Es apasionante ver cómo se establecen círculos emocionales tan dispares, según cómo actuemos”, comenta Concha Gonzáles. Y es cierto, Un caso: alguien nos quita la plaza de aparcamiento y la situación puede desembocar en una bronca. ¿Cómo gestionamos esa rabia que sentimos? “Lo esencial es entendernos a nosotros mismos y reconocer nuestras emociones –afirma Victo Brox-. Nos daremos cuenta de que ese impulso que sentimos no es bueno y puede crearnos un conflicto. Así, pues, vemos cómo el autocontrol supone que, reconocidas nuestras propias emociones, debemos aprender a dirigirlas en lugar de permitir que estas nos dirijan. “Eso sí, no hay que confundir autocontrol con reprimirse –apostilla el psicólogo-. La represión impide expresar las emociones y eso tampoco es bueno”.
En la práctica
A Concha y Víctor les gusta destacar que en su taller se trabaja desde la prevención. “se trata de generar conductas de cambio. Y aquí lo hacemos de una forma muy práctica”, explican. Lo primero es crear un clima de confianza en el grupo y, a continuación, recoger las expectativas de cada uno. “Escenificamos situaciones cotidianas y sacamos a la luz un material emocional importantísimo, con el que luego desarrollaremos estrategias de aprendizaje”, comenta Brox. Una de las escenas que más “éxito cosecha es el intercambio de roles. Chico hace de chica y viceversa. Escena: él llega a casa y se tumba en el sofá frente a la tele. Ella se sienta a su lado: “Cariño, ¿en qué estas pensando…?” Cuando las chicas se ven reflejadas en ese rol, se sorprenden: “¿Así nos veis vosotros? y ellos: “Pues es verdad, muchas veces nosotros nos comportamos así de bordes”. El primer paso está dado: cada uno ha reconocido sus impulsos y sus acciones. En el futuro sabremos gestionarlos mejor.
Cinco razones de peso
Este taller nos ayudará a…
• Entender nuestras emociones. Es el paso principal. Si no nos comprendemos ni a nosotros mismos. ¿cómo vamos a entender a los demás?
• Resolver situaciones de amenaza. Si controlamos con acierto nuestras emociones, evitaremos un montón de conflictos.
• Integrarnos mejor como sujetos. Saber manejar nuestras emociones en cada momento nos facilitará la convivencia.
• No juzgar a los demás ni a nosotros mismos por las emociones. Evitaremos perjuicios y malentendidos.
• Lograr la empatía con uno mismo y con los demás. Seremos más felices.




