Nuestro trabajo es una fuente de estrés bastante compleja. Por un lado, están los superiores; por otro, la relación con nuestros pares por último, el trato con clientes y/o con subordinados. Y cada uno de ellos tiene sus clases para afrontarlos.
Prioridad. Es necesario saber qué “es lo que da mayor valor añadido a nuestro trabajo -señala Juan Carlso Alvarez Campillo- y por qué nos van a valorar. Si no tenemos claro que nuestro rumbo y loq ue queremos, queremos abarcar todo por falta de priorizar”. Cuando intentamos hacer muchas cosas, la presión por hacerlas bien nos agobia y eso produce el estrés.

Ser preciso. En el trabajo, identificar las fuentes del estrés es clave. “Hay que señalar claramente- sugiere el psicólogo Enrique García Huerta-” qué es lo que me agobia. al ser ambiguos no podemos darle medida ni solución. Cuando más precisas son nuestras fuentes de estrés mejor identificadas están y mejor solución le podremos dar”. Primero se debe pensar de forma objetiva el problema: ¿qué hay de cierto en loq ue estoy pensando ?.
Poner limites. Tanto con los jefes cmo con los clientes hay que negocias, saber qué es importante para ellos y conocer nuestros limites. Y saber de antemano que aveces hay que pedir “no” a ciertos temas.
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