La sociedad, desde los primeros tiempos, ha creado un favoritismo de los hombres sobre las mujeres, en un segundo plano. Uno de los platillos que más se ha inclinado en esta “balanza” ha sido el del sentimiento de culpa.

A lo largo de la historia, a la mujer siempre se le han atribuido culpas que el sexo opuesto a menudo no recibe. “Existe un factor cultura importante y prejuicioso- considera el psiquiatra y psicoanalista Guillermo Kozameh- que la señal como más culpable si trasgrede ciertas leyes”.
También es cierto que hay una suerte de compensación o equilibrio frente a esta situación pues la mujer es capaz de reconocer y hablar más abiertamente que los hombres de sus fantasías “eróticas y agresivas –continúa Kozameh- y, al mismo tiempo, está más capacitada para reconocer sus faltas y, por consiguiente, la deuda que estas implican”. Este reconocimiento de la propia responsabilidad, más propio de las mujeres que del sexo opuesto, es lo que hace que ellas sean más capaces de asumir culpa y reaccionar en consecuencia.



