En estados Unidos se valora ya como una ciencia, algunos incluso hablan de “religión”. De hecho, se imparte como asignatura en universidades como las de Priceton y Nueva York. En pocas palabras: la inteligencia emocional aplicada a la economía.

Surgió a finales de los años 90 en Estados Unidos y muchos campus se apuntaron al carro de esta nueva disciplina. Tantos, que la Society for Neuroeconomics, formada por 400 miembros, acaba de celebrar en Nueva York un congreso mundial. ¿Cuáles son sus fundamentos? Según sus seguidores, el comportamiento del mundo financiero tendria una base psiquiátrica. Es decir, obedecería a la acción de hormonas, como la oxitocina. Su instrumento básico es el empleo de imágenes por resonancia magnética (IRM). Ignacio Morgado Bernal, catedrático de Psicobiologia en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, lo explica así: “La neuroeconomía es una diciplina que pretende conocer los mecanismos del cerebro implicado en cómo tomamos las decisiones que afectan a nuestro dinero. Y es que en este tipo de decisiones también intervienen los sentimientos. Hay investigaciones que muestran que cuando el cerebro está alterado, los individuos toman decisiones económicas erróneas. La gente, cuando está en juego su dinero, apuesta siempre por la situación menos incierta. Esto explicaría, por ejemplo, que muchos inversores sientan rechazo visceral por los activos de renta variable”.
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