Lejos de convertirte en un ser amargado, las desgracias que acompañan a Barrie durante toda su vida hicieron de él un hombre muy amable y, en el apogeo de su fama, extraordinariamente humilde. “La vida es una larga lección de humildad“, escribió, y aconsejaba ser siempre “un poco más amable de lo necesario”. Incasable trabajador, Barrie nunca perdió de vista la importancia del ocio: “Siempre se nos advierte contra la tención de dejaar pasar las horas doradas; pero algunas de ellas son doradas precisamente porque las dejamos pasar”. Y habia mucho humor en el comentario de un hombre tan laborioso cuando escribia: “No se le puede llamar trabajo a menos que uno prefiera estar haciendo cualquier otra cosa”. Entendió el drama del ser humano: “La vida de todo hombre es un diario en el que pretende escribir una historia y escribe otra: y su momento más humilde llega cuando compara el volumen tal cual es con el que se propuso completar”. Por eso escribió al final de Peter Pan: “Morir será una aventura tremendamente grande”.

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