En plena crisis no es fácil sonreírle a la vida, pero es la única opción para conseguir hacer que las cosas cambien. Ser optimista vale la pena. Tenemos mucho que ganar y poco que perder. Con pequeños gestos conseguiremos verl el lado amable a la vida y sacar partido de lo que parece únicamete negativo. Aprende a ser positivo porque, además, es más sano.
Las personas optimistas son mucho más felices y disfrutan más de la vida. Si no has nacido optimista, no te preocupes. La buena noticia es que, aunque no seamos positivos de manera innata ni nos hayan educado así en la infancia, podemos cambiar nuesta forma de pensar y de actuar de adultos.

Aprende a ser positivo:
No existe una fórmula mágica para ser optimista, ni un método intensivo. Es un proceso que, poco a poco y con tensón, cambiará tu vida. Al principio se perciben conscientemente las actitudes y comportamientos nuevos. pues son fruto de nuestra decisición de cambiar, pero con el tiempo quedarán tan incorporados a nuestra vida que, al igual que los optimistas convencidos, casi ni nos daremos cuenta, pues serán tan naturales para nosotros como respirar. La gente que cree en esas máximas lapidarias del tipo “Yo soy así y no puedo cambiar” o “No vale la pena esforzarse, pues seguro que no cambia nada” se está negando así misma la posibilidad de ser má feliz y dichosa. Los psicólogos y psiquiatras están convencidos de que el cambio es posible, sólo es cuestión de confianza e ilusión para tomar la decisión, de valentía para comenzar una nueva etapa y de empuje para perseverar. El psiquitra Luis Rojas Marcos, en su libro La fuerza del optimismo, se muestra convencido de la posibilidad de cambio: “Gracias a la gran capacidad humana de razonar, de aprender y de cambiar, las personas que se lo proponen y están dispuestas a invertir su tiempo y esfuerzo en el empeño tienen la posibilidad de aumentar su predisposición natural al optimismo”. Lo más útil es conocer las actitudes, el lenguaje y las actividades que caracterizan a las personas positivas y, conscientemente, hacer los propios… Y, por supuesto, practicar a diario.
La versión positiva:
Toma conciencia de que lo que afecta a tu estado de ánimo no es lo que te sucede sino cómo percibes e interpretas el hecho en sí mismo. Ante un acontecimiento adverso, pues quedarte con la parte negativa (que, claro, la tiene)o ser capaz de contrar una visión más positiva. Bernabé Tierno, en Optimismo vital, aclara: “Cualquier situación o hecho puede tener una lectura positiva que nos favorecerá, enriquecerá y construira interiormente. En caso contrario, nos perjudicará, empobrecerá y destruirá, porque la lectura que hemos hecho ha sido peyorativa, desencadenando en nosotros pensamientos, sentimientos y actitudes negativos y desmotivadores.” Así que, si quieres apostar por generar emociones y pensamientos gratificantes, escoge la versión positiva.
El poder de la imaginación:
Aprende a visualizar consecuciones positivas y cualquier acción. Imaginate, con todo luego de detalles, que consigues ese trabajo para el que te han entrevistado, que apruebas ese examen tan complicado, que esa persona que te interesa acepta una cita contigo… Con sólo ser capaz de visualizar estas escenas tu ánimo mejora, te sientes más positivo e ilusionado para emprender la tarea, lo que se traduce en que la confianza en ti mismo que necesitas para llevar a cabo esas empresas aumenta, y el esfuerzo que tienes que realizar te resultará más gratificante. ¿Cres que los deportistas de élite piensan que no van a ganar anets de un partido o carrera? Se imaginan ganando, y por ello son capaces de emplear todos los recursos a su alcance aun en las circunstancias más adversas. En consecuencia, aparta de tu mente visualizaciones negativasy derrotistas, pues tenderás hacia ese resultado.
Metas alcanzables:
Marca tu propio rumbo en la vida y sigue una ruta definida. Ponte metas asequibles y claras, realistas aunque llenas de ilusión. No pretendas convertirte en multimillonario ahorrando un poquito a final de mes, ni ganar un Nobel de la noche a la mañana.
No te boicotees a ti mismo buscando imposibles, pues sólo generarás frustración y sentimientos de fracaso. Los optimistas no lo hacen. Elige bien cuales son tus sueños y márcate el camino para llegar a ellos, eso si, un camino satisfactorio. Llegar es importante, pero, más lo es disfrutar del viaje.
Pequeñas pero valiosas:
Da valor a las cosas pequeñas y cotidianas, son las que más felicidad proporcionan. Luis Rojas Marcos lo explica así en La Fuerza del optimismo: “Las pequeñas cosas agradables que nos ocurren en la vida cotidiana tienen una marcada influencia sobre nuestras emociones, actitudes y conductas. Por ejemplo, hechos tan sencillos como ver unos minutos una película cómica, recibir un ramo de flores, u otro regalo, o enterarnos de que hemos ejecutado bien una tarea son suficientes para aumentar nuestro nivel de optimismo. Esos momentos de alegría moderada tienen además un impacto importante en las decisiones que tomamos, en la creatividad que empleamos para resolver problemas, en la memoria, en la capacidad para aprender, en la motivació y en la forma de relacionarnos con los demás”.
Buenas y malas compañias:
Elige de quién quieres rodearte. Las personas tóxicas pueden hacerte mucho daño. Los optimistas lo saben, y por ello evitan en la medida de lo posible a las personas egoístas, manipuladoras, negativas, dominadoras emocionales, incapaces de disfrutar… Si no puedes impedir que estén en tu círculo, mantén las distancias y no dejes que te atrapen en sus redes ni minen tu optimismo. Por el contrario, lo más saludable es rodearte de personas positivas, que te contagien. No sólo estarás más a gusto, sino que el flujo de energía positiva será bidireccional y los beneficios.
Cuestión de estima:
“Una buena autoestima estimula emociones positivas y nos protege de las negativas. Sin una opinión positiva de uno mismo no es fácil desarrollar una disposición optimista. Es verdad que hay individuos que, Pese a gozar de buena autoestima, tienen una visión negativa de la vida. Pero, en general, las personas que se valoran favorablemtne se inclinan a ver el mundo a través de un cristal más positivo que quienes se sienten insatisfechos”, apunta Marcos en su libro.
También te ayudará asumir que eres imperfecto, pues la perfección no existe, y aceptarte tal y como eres, eso sí, tratando de mejorar cada día los aspectos de ti que te gusten menos. Los optimistas conviven con sus imperfecciones sin frustraciones, pero tratan de corregirlas en el grado y en la media que les sea posible.
Con flexibilidad:
Acepta que hay deseos que, por mucho que te esfuerces, no se cumplen, sé flexible y elige otro camino u otra meta. Sé valiente para buscar lo que quieres y perseverar, pero también para saber cuándo modificar tu camino. Te ayudará mucho dejar de pensar en términos drásticos, como que todo es ueno o malo, o que las circunstancias ocurre siempre o nunca, o incluso que los resultados de algo son perfectos o un fracaso… Piensa que también existen los términos medio. De hecho, mucho muy pocas veces la vida es tan categórica y extremista como. Ya lo dijo Aristóteles: “En el punto medio está la virtud”.
En busca del equilibrio
Para que todo funcione de manera positiiva es fundamental encontrar el equilibrio entre el cuerpo y la mente. Puedes ejercitarte en disciplinas como el tai-chi, el chi kun o el yoga, que ayudan a desbloquear las tensiones y favoreces el flujo de energía positiva. Además, practica ejercicio (aunque sólo sea caminar a buen paso durante una hora todos los días), pues este hábito te fortalece para resistir mejor las adversidades, mejorar la calidad del sueño (en consecuencia te levatarás más descansado y lleno de energía) y aumenta la producción de endorfinas, las hormonas que elevan el estado de ánimo.
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