La pasividad de las mujeres no es algo natural, sino producto de un condicionamiento educativo en una sociedad católica de tipo patriarcal. Su educacion potencia sus cualidades consideradas más femeninas, como la dulzura o la obediencia. El mito del principe azul que va venir a rescatar a la mujer le resta autonomía mientras espera y se prepara para atenderle perfectamente cuando aparezca.

En el terreno sexual la pasividad ha sido elevada al rango de virtud, ientras que el pecado cae sobre Eva, que atrevió a hacer caso a sus deseos y soporta el peso del pecado original. Una represión que ha continuado en el terreno más intimo en los encuentros cara a cara con los hombres. Consideradas como objetos y consagradas al placer de los homres, las mujeres no han estado en posición de experimentar sus propias expectativas.




