Mejorar las formas.
Aveces no es tanto la crítica en si lo que desestabiliza sino la forma de hacerla. Pregúntate cómo te hubiera gustado que te comentaran este tema para que te apareciera razonable y no te doliera. En la medida que te sea posible, plantea esta reflexión a tu interlocutor. De este modo podéis avanzar conjuntamente. No hemos aprendido a recibir la critica de forma razonable y constructiva, pero podemos empezar a ser autodidactas desde este preciso instante. De este modo mejoraremos nuestra comunicación y el ambiente.

Cuestionarse.
Una crítica en el trabajo no es nunca verdad o mentira. Nos recuerda algo que, seguramente cuando éramos niños, nos dolió. ¿El qué? Pregúntate cuándo te has sentido dolido o humillado. Quizá fue con tus hermanos, en el colegio… Cuestiónate sobre el pasado y por qué una critica induce un dolor pasado. Después trata de dirigir mejor tus propias criticas: cuando las hacemos mejor, también las recibimos mejor.
Calmar el orgullo.
Paulino Castells explica que no reconocen sus propios fallos. “Pueden desarrollar un trastorno narcisista, en el cual prodomina la grandiosidad, la necesidad constante de administración y falta de emepatía, que precisa de tratamiento psicológico o psiquiátrico, porque por si solo no puede curarse”.






