*Establecer una lista de objetivos.
Para las personas que lo quieren todo ya un buen ejercicio consiste en escribir en un papel las metas y los objetivos a conseguir, los pasos que debemos dar y el tiempo que nos llevará cada paso. Deja en la agenda diaria tiempo entre actividades de forma a no precipitar tareas ni dejar las cosas sin terminar.

*Cuestionar los plazos establecidos, y analizar las consecuencias de no cumplirlos, planteándote si esas consecuencias son suficientemente importantes o graves para justificar una actuación precipitada o de presión.
*Haz las cosas con serenidad y tranquilidad, dejando a los demás el tiempo que necesiten. Escucha, mira, piensa, siente… degusta. Date tiempo para procesar la información que te rodea y disfrutar de las sensaciones que te brinda la vida.
*Aprovecha cada día como si fuera el último (con la pareja, con los hijos en el trabajo…). Saborea cada instante y tómate el tiempo que necesites para hacerlo, sin dejarte presionar por la inmediatez ni por lo que vendrá luego.
*Observa lo que ocurre cuando la espera se hace insoportable. La angustia, el estrés, la imitación surgen, lo que no es muy agradable. Mide también las consecuencias de esto: eres desagradable con los demás, no puedes conciliar el sueño, no eres por ello más eficaz… Hacer este esfuerzo de lucidez es lo único que puede iniciarte a querer aprender la paciencia.




