Para aprender a conciliar, el primer paso es tener una actitud personal de acuerdo con nuestra realidad y forma de ser. Para ello, debemos pararnos a pensar y respondernos dos preguntas:

¿Soy consecuente con mi carácter? Hay tantas formas de conciliar como individuos. Los reflexivos no son iguales que los impulsivos, ni los introvertidos que los extrovertidos: “No hay una técnica universal. Por eso, para conciliar es importante conocer y asumirse”, explica Muiño. Es posible que sintamos malestar por estar imponiéndonos una forma de conciliación que no se corresponde con nuestro carácter.
¿Tengo expectativas realistas? El “yo ideal” (la persona que nos gustaría ser) debe estar un poco encima del “yo real” (la persona que somos). De oto modo, los objetivos pueden desmotivar por ser muy bajos o frustrar por ser inalcanzables. Para saber hasta qué punto nuestras expectativas son realistas Muiño aconseja hacer una lista de objetivos y analizarla hasta borrar de ella los objetivos poco realistas (por ejemplo, “conseguir que todo me salga bien” es imposible y aquellos que respondan a las expectativas de los demás) (“dedicar tiempo a tener la casa perfecta”, por que es prioridad de las personas con lasque convivimos). Como señala, “la mejor conciliación entre vida laboral, familiar y privada se da en personas que tienen metas realistas e intentan ser fieles a su propia escala de valores; la peor, en aquellos que buscan utopía porque intentan responder a las expectativas de los demás”.




