La constante: si eres demasiado sociable, te expones a convertirte en esclavo de las obligaciones mundanas. Al igual que ocurre con el resto de necesidades fundamentales, nuestra época se ha apropiado de la necesidad de relación para hacer negocio. Resultado: nos vemos desbordados por la obligación de estar siempre localizables, disponibles (sentir verguenza por no tener amigos), mostrarlo todo (como en ciertas redes sociales de internet), mantener un vinculo con todos con los que nos cruzamos.

El consejo: haz caso a tu intuación para saber si realmente te apetece aceptar esa invitación o volver a ver a esa persona. Tenla en cuenta a la hora de dedicirte, sopesa ese sentimiento con todas tus obligaciones. Sin el discernimiento que nos da nuestra intuición, nos van a complicar la vida en lugar de enriquecerla.
Trabajo diario: concédete el derecho a elegir, a no ver a ea persona, a rechazar esa invitación, a no hacer lo que se espera de ti… La empatía y el respeto de los demás es algo muy preciado, pero el respeto y escucharse a uno mismo lo es igualmente. Hacerse aceptar tal cual se es supone también aceptar a los demás como son, preocuparse menos por lo que hayan dicho o hecho. Esto no impide hablar o reaccionar frente a lo que nos molesta pero sin compicarnos inútilmente. Es inevitable que existan presonas pesadas o metepatas ante las que más nos vale organizarnos que ponernos de los nervios.






