Para ser feliz no hace falta más que una familia… y un limonero”, argumenta Chris Stewart, ex bateria del grupo Genesis. Cansado de rodar por el mundo y sabedor de que necesitaba muy poco para vivir, se armó de arrojo para acometerlo en comunion con la naturaleza. Hace casi 20 años, compró un cortijo abandonado en la falda de las alpujarras granadinas y se trasladó con su proyecto vital junto a su esposa Ana. Sin agua, luz, teléfono, periódicos ni televisón, decidió vivir de sus manos y lo que daba la tierra. Sus úlnicos ingresos provienen de un viaje anual al norte de Suecia para esquilar ovejas…La militancia vital de Stewart es de sobra conocida através de sus dos libros publicados en Almuzara Entre limones y El loro en el limonero, que son éxitos de ventas, y aunque parezca un caso aislado corresponde a un movimiento que está ganando cada vez más adeptos. Se conoce como downshifter, desacelerados, sencillos o voluntariamente simples, y su fórmula consiste en renunciar a la vorágine consumista, llevar una vida relajada, simple y vivible. Lo vaticinaba el Trends Research Institute, de Nueva York, un gabinete especializado en predecir cuáles serán las tendencias sociales: ” La vulta a los placeres básciso de la vida será una de las pautas que marcará el principio del nuevo milenio”.

Menos obligaciones
Traducido en fría estadistica significa que, en siete años, más 20 millones de personas han decidido renunciar a vivir con la lengua fuera y desengancharse de un pretendido éxito que en realidad les maltrata.
“Vivir sensillo” se ha convertido en una folosofia de existencia que consiste en reducir voluntariamente nuestras pretensiones, mantener únicamente las comodidades que nos sean necesarias, pero eliminando la complejidad y minimizando las obligaciones. Se trata de vivir de una manera más austera, más libre, sin tantas cadenas ni dependencias. Todo esto pasa por detalles minimos, pero continuos: no tomar el ascensor para subir un único piso, no arrancar el coche para recorrer cien metros, no mantener la calefacción de la casa a 25 grados en invierno y 18 grados en verano. De igual form, se trata de alargar la vida de nuestros enseres y electrodomésticos.
Hay punto básico: el dinero no garantiza la calidad de vida. “Vivir al día, con lo justo y sin excesos, puede suponer una locura para la mayoría, debido a los miedos y temores con los que hemos crecido. Desde niños nos invitan a acumular para el periodo de carestia y nos eduacan en que “quien más tiene, más vale…” Toda esa mochila de “programación” impide disfrutar del presente, ya que estamos más preocupados por lo que vendrá: trabajar para producir, producir para acomular, acomular para que no falte, asegurar incluso lo que aún no tenemos, puesto que eso nos tranquiliza. Los “sencillos” son asertivos, les importa poco su tarjeta de presentación ante el mundo y su desprendimiento, lejos de generarles carestia, les aporta seguridad y capacidad para saborearse a si mismos y a su entorno”, explica Adriana Oddone, psicologa clinica especializada en terapia gestálica.
Fuente: revista Psychologies





